El director ejecutivo del Instituto Nacional de Aguas Potables y Alcantarillados (INAPA), Wellington Arnaud, afirmó que la inversión pública en agua potable y saneamiento se ha convertido en una base de transformación territorial, especialmente en comunidades rezagadas y en zonas costeras y turísticas donde el acceso al agua y el tratamiento de aguas residuales condicionan el desarrollo económico.
Durante la acostumbrada entrevista especial de elCaribe y CDN, Arnaud sostuvo que la gestión del INAPA parte de una idea central: no hay desarrollo sostenible sin infraestructura hídrica. “No hay un territorio en el mundo que se haya desarrollado sin una inversión en saneamiento, sin excepción”, dijo al explicar que muchas de las obras más importantes no se ven porque se construyen bajo tierra, pero se reflejan en salud pública, inversión privada, turismo, protección ambiental y calidad de vida.

El funcionario citó como ejemplo el proyecto de Arroyo Gurabo, en Santiago, que definió como: “La obra de mayor impacto social y medioambiental que se ha ejecutado en la historia dominicana”. Según explicó, la intervención incluye la recuperación del bosque ribereño, la incorporación de más de 50,000 metros cuadrados de área verde y la reubicación de 19 familias que vivían en extrema vulnerabilidad.
Arnaud aseguró que esa obra fue el punto de partida de un modelo de gestión que ahora se expande hacia otros territorios. “El desarrollo se construye debajo de la tierra”, expresó, al referirse a las redes de agua potable, alcantarillado sanitario, drenaje pluvial, plantas de tratamiento y sistemas de bombeo como base de cualquier proceso de modernización.
Saneamiento costero y turismo
Arnaud defendió el programa de saneamiento universal de zonas costeras y turísticas, presentado por INAPA como el proyecto más ambicioso en la historia dominicana en materia de agua potable y tratamiento de aguas residuales. Explicó que la iniciativa contempla el saneamiento de unos 200 kilómetros de costa, desde Boca Chica hasta Verón-Punta Cana, pasando por San Pedro de Macorís, La Romana, Higüey y Bávaro.
El proyecto, acompañado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), supone una inversión cercana a los 1,000 millones de dólares y tendrá un impacto estimado en más de un millón de personas. Para Arnaud, su importancia radica en que conecta la solución de una deuda social acumulada con la competitividad turística, la protección de los ecosistemas costeros y la atracción de inversiones.
En Boca Chica, INAPA ejecutará una inversión cercana a 200 millones de dólares para dotar a Boca Chica, Andrés y La Caleta de un sistema moderno de alcantarillado sanitario. La obra incluye 250 kilómetros de tuberías, una planta de tratamiento de aguas residuales, un emisario submarino y ocho estaciones de bombeo.
Arnaud vinculó esta intervención con la reactivación económica y turística de la zona. Señaló que la inversión pública en saneamiento crea condiciones para que el sector privado desarrolle nuevos proyectos, como Costa Blanca, anunciado con una inversión de 200 millones de dólares. Según dijo, ese tipo de articulación demuestra que la infraestructura hídrica no puede verse como un gasto aislado, sino como una condición habilitante del desarrollo.
“Para que eso se hiciera realidad, nosotros sostuvimos junto a nuestro equipo más de cinco reuniones con los desarrolladores y los inversionistas, explicándoles que el INAPA, el Gobierno dominicano a través del INAPA, iba a hacer una inversión de alrededor de 200 millones de dólares para hacer el alcantarillado sanitario de Boca Chica”, expresó.
Acueductos que cambian comunidades

Además del programa costero, Arnaud presentó un balance de obras de agua potable ejecutadas o en desarrollo en distintas regiones. Aseguró que INAPA ha impactado directamente a más de tres millones de dominicanos durante la actual gestión. De ese total, 2.5 millones cuentan con acceso a agua con mayor continuidad y más de un millón recibe servicios vinculados al tratamiento de aguas residuales.
El funcionario destacó que el aumento de la inversión ha sido determinante. Como ejemplo citó el acueducto de Navarrete, construido con una inversión de 2,000 millones de pesos para beneficiar a más de 100,000 personas con agua “de calidad, en cantidad y presión”. También mencionó Santiago, donde aseguró que INAPA ha invertido cerca de 10,000 millones de pesos.
Entre las obras citadas figuran la ampliación del acueducto de Villa Altagracia, Maimón, Sabana Iglesia y Cotuí, la rehabilitación del acueducto Ato del Yaque, el acueducto de Monción, el de Navarrete y el acueducto múltiple San José de Ocoa-Sabana Larga.

Sobre Villa Altagracia, explicó que el municipio arrastraba una situación histórica de precariedad. Recordó que en los años noventa se había construido un sistema que la gente llamaba “el acueducto de la lluvia”, porque dependía de una fuente que nunca funcionó adecuadamente. Dijo que la actual solución se basó en el río Haina, a la altura del kilómetro 45, con capacidad de 300 litros por segundo.
En Ocoa, presentó el acueducto como una obra con impacto directo en el bolsillo de las familias. Relató que, tras la entrada en servicio del sistema, conversó con un dueño de camión cisterna que le explicó cómo había caído la demanda de compra de agua. Según Arnaud, en comunidades como Sabana Larga y Ocoa las familias gastaban más de 300 millones de pesos al año en agua transportada en camiones. Con el nuevo acueducto, dijo, ese dinero puede destinarse a ahorro, emprendimientos u otras necesidades.
Arnaud también anunció proyectos en carpeta o fase de inicio. Entre ellos citó el acueducto múltiple de El Llano-Comendador, en Elías Piña, una obra esperada por décadas y cuyo proceso de licitación, aseguró, ya fue subido. Dijo que INAPA prevé iniciar los trabajos en el último trimestre del año.
En el Sur mencionó el alcantarillado sanitario del Córbano, en San Juan; redes en la parte norte de Villa Güera y Baní; la solución de la cañada La Pava, en Nizao; la ampliación del acueducto de Neiba; la ampliación del acueducto de Azua, vinculada a Montegrande; proyectos en Barahona y la ampliación del acueducto de San Juan.
En la zona de montaña destacó el acueducto múltiple de San José de las Matas, Sajoma, donde ya se dio el primer picazo. Definió ese municipio como uno de los destinos preferidos por dominicanos para retirarse, pero sin un sistema de agua potable acorde con su potencial.
En San Francisco de Macorís, Arnaud habló de un proyecto especialmente relevante. Informó que INAPA trabaja en la ampliación del acueducto, la expansión del sistema de Cenoví, la rehabilitación de la planta de tratamiento de Matalarga, la instalación de más de 300 kilómetros de tuberías y la construcción de ocho depósitos reguladores. La inversión estimada ronda los 4,000 millones de pesos.
Sostenibilidad, reúso y brechas pendientes

INAPA conecta cada vez más su agenda hídrica con los polos turísticos. Arnaud mencionó Cabo Rojo y Miches como ejemplos de cómo la infraestructura pública puede anticiparse al desarrollo hotelero y portuario.
Sobre Cabo Rojo, aseguró que el acueducto estaba listo antes de la llegada del primer crucero. En Miches, señaló que el Estado asumió inversiones superiores a los 2,000 millones de pesos para crear condiciones que facilitaran la llegada de proyectos turísticos, sin que el sector privado tuviera que cubrir por completo el costo de la infraestructura base.
El caso de Bávaro-Punta Cana fue presentado como una intervención distinta, más integral y más compleja. Según explicó el equipo técnico de INAPA, ese proyecto no solo contempla saneamiento, sino también el acueducto completo y un sistema de tratamiento más depurado que permitirá el reúso del agua.






































































