Desde que comenzó la guerra en Oriente Medio, el teléfono en el negocio de Ron Hubbard no ha dejado de sonar. "¿Quiere un refugio antibombas o uno para tornados?", pregunta el empresario. "Antibombas", responde el cliente desde Florida, sureste de Estados Unidos.
Es sábado por la mañana en Sulphur Springs, una ciudad rural al noreste de Dallas, en Texas. Allí funciona Atlas Survival Shelters, la compañía de Hubbard. Desde su escritorio ha atendido llamadas de Catar, Pakistán y Dubái. En este último lugar, un cliente quiere un refugio para resistir cinco años.
"Hemos visto un gran aumento desde la guerra en Irán, principalmente de las naciones del Golfo, Baréin, Catar, Kuwait, en los Emiratos Árabes Unidos", explica Hubbard, de 63 años, a la AFP.
"Irónicamente, abrimos nuestras oficinas en Dubái el 26 de febrero, 48 horas antes de que comenzara la guerra, por lo que nuestro tiempo fue bueno para responder a la demanda", agrega.
Aunque el presidente Donald Trump asegura que los ataques de Estados unidos e Israel contra Irán serán breves, con los bombardeos constantes y las respuestas de Teherán en la región muchas personas dicen "ojalá tuviera un refugio antiaéreo", asegura Hubbard.
"Así que el respeto y la demanda del producto están realmente en su punto más alto en este momento, como nunca lo había visto antes", sostiene.
Para atender al mercado extranjero, Atlas concede licencias de su tecnología a compañías en distintos países y, cuando se cierra un contrato, parte de su personal viaja desde Estados Unidos para supervisar la obra, lo que abarata costos.
– Clientes de alto perfil –
Pero la demanda no solo viene de países en riesgo inmediato. También crece en Estados Unidos.
En el patio de la fábrica, una veintena de refugios -similares a contenedores de acero- están listos para ser enviados a clientes de distintas partes del país. Otros 40 pedidos siguen en la línea de producción.
"Espero que mis ventas [globales] superen probablemente las de los tres años anteriores en los próximos dos meses", comenta Hubbard.
La persona que llamó de Florida quiere un refugio para 10 personas. Hubbard codifica los nombres de sus clientes, por confidencialidad, y en muchos casos estos se comunican a través de sus abogados.
Sin embargo, algunos compradores de alto perfil sí han hecho públicas sus adquisiciones.
Actualmente Hubbard trabaja en un búnker para el expeleador e influenciador Andrew Tate.
En el pasado construyó otro para uno de los desafíos virales del youtuber y filántropo MrBeast.
También apareció en 2021 en un programa de TV de la celebridad y empresaria Kim Kardashian, para quien construyó un refugio que luego se instaló en California.
Y, según Hubbard, el magnate tecnológico Mark Zuckerberg también le encargó un diseño, que fue ensamblado por un contratista local.
Cómo funciona
Un refugio básico, pensado para que cuatro personas permanezcan hasta una semana bajo tierra en el jardín de su casa y que resista bombardeos y radiación, cuesta unos 25.000 dólares.
Los más sofisticados, diseñados para permanecer años, pueden superar varios millones de dólares, dependiendo del alimento, la energía y el agua que almacenen.
"Depende de si se están preparando para el fin del mundo o el Armagedón o si se están preparando para una lluvia de misiles como lo han hecho la mayoría de los israelíes", detalla. Hubbard dice que hace refugios para todos los casos.
Las estructuras pueden construirse de concreto directamente en el terreno, o fabricarse de metal en la planta de Texas y luego llevarse al cliente.
"Un refugio contra la lluvia radiactiva solo necesita un metro de profundidad. Lo que te protege de la radiación no es el refugio en sí, sino la tierra y el hormigón que tienes encima", explica.
"Pero me gusta estar lo más profundo posible, y voy a dos o tres metros bajo tierra, por si hubiera fuego de artillería", agrega.
Los refugios tienen una puerta principal que cierra herméticamente y una cámara de desinfección donde las personas pueden ducharse si han estado en un ambiente contaminado.
Dependiendo del presupuesto, el interior es similar a un departamento: sala con TV, dormitorio, cocina, lavadero, baño. Hay quienes incluyen un almacén de armas.
La idea es que esté conectado a una fuente de energía, tenga baterías de respaldo, almacene y filtre agua y cuente con señal inalámbrica.
Si la electricidad falla, el sistema de ventilación del búnker puede operarse manualmente con una manivela, como los autos antiguos.
"Aquellos que decían: estos estadounidenses locos comprándose refugios antibombas, ya no lo dicen más", dice Hubbard.
"Nadie piensa que alguien esté loco porque necesita un refugio antiaéreo, especialmente con el futuro del mundo, que no se ve bien".





































































