Cada 28 de enero se celebra el Día Mundial de la Acción frente al Calentamiento Terrestre, también denominado Día Mundial contra las Emisiones de CO2, que son la causa principal del calentamiento terrestre o calentamiento global.
El propósito de esta fecha es crear conciencia sobre este problema, sobre cómo el cambio climático incide en el medio ambiente y sobre la vida de los seres humanos en todo el planeta.
La conmemoración de este año está marcada por el predominio de una agenda que reivindica el petróleo y el gas, y por el cierre de agencias y la supresión de instituciones que daban soporte a la lucha contra el cambio climático. Predominan, en especial desde la inauguración de Trump 2.0, políticas que conspiran y sabotean acciones contra el calentamiento terrestre.
Es una situación grave por tener al líder de la mayor potencia mundial que pregona que el calentamiento global no existe y que hace oídos sordos a todas las alarmas sobre el cambio climático.
Esto camina hacia peor porque un problema con las emisiones es que los principales causantes son precisamente grandes potencias, países industrializados que si bien han firmado acuerdos ni siquiera cumplen con la entrega a tiempo de los recursos prometidos para afrontar la situación.
Cabe recordar que el calentamiento es consecuencia de la deforestación, de la quema de grandes extensiones de bosques para generar tierras supuestamente para cultivo y desarrollo inmobiliario; también por la desaparición de ríos y por la contaminación ambiental que termina con la vida de especies de animales y genera enfermedades en las personas.
Si bien hay cada vez más iniciativas que apuntan a la generación de energías renovables, esos esfuerzos todavía son insuficientes ante la excesiva dependencia del petróleo. De ahí que el ciudadano de a pie primero tiene que informarse, exigir a sus autoridades que voten leyes que combatan la contaminación, que incentiven a plantar más árboles, que se protejan los ríos y se trabaje en modificar los hábitos de consumo y de manejo de la basura, entre otras iniciativas.
Para evitar así que la tierra termine convertida en el cascarón desértico hacia el que se encamina.








































































