Después de años sacrificios sobre el tatami, Ana Rosa encontró la victoria que puede cambiar la historia de su familia.
La judoca dominicana subió a lo más alto del podio en los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026, pero el premio más importante no colgará de su cuello, estará en las paredes de una casa que lleva cuatro años esperando ser terminada.
El Gobierno anunció antes de los Juegos un incentivo de 300 mil pesos para cada medalla de oro conquistada por atletas dominicanos.
Para Rosa, ese dinero tiene un destino definido desde mucho antes de escuchar el himno nacional en la premiación: concluir la vivienda que comenzó a construir en 2022 para su madre, Marina García, y que permanece detenida por falta de recursos.
La estructura ya tiene techo, pero aún espera por pisos, empañete, pintura, puertas y ventanas. Mientras tanto, su madre y sus dos hermanas continúan viviendo alquiladas en San Francisco de Macorís, una renta que la propia atleta ayuda a paga con el dinero que consigue entre salario y competencias.
“Obviamente es un gran sacrificio, porque somos nosotras (su madre y sus hermanas) somos solas. Pero sé que con la ayuda de Dios podré cumplir ese sueño de hacer que mi mamá pueda vivir en su casa propia”, dijo la campeona al Listín Diario.
No es la primera vez que una medalla termina convirtiéndose en blocks y cemento. En los Juegos de San Salvador 2023, y los Panamericanos de Santiago de Chile de ese mismo año, la judoca obtuvo dos preseas de bronce, individual y por equipos respectivamente, y destinó el incentivo económico que recibió a avanzar la construcción. Ahora confía en que el premio por el oro centroamericano finalmente le permita entregarles el hogar que ha soñado durante años.
Detrás de ese sueño también está la historia de una madre que convirtió el sacrificio en rutina. Durante años salía a las 5:00 de la mañana para trabajar en una panadería. Más adelante consiguió empleo en un restaurante, donde terminaba su jornada a la medianoche. La propia Ana Rosa y un tío la esperaban cada noche para acompañarla de regreso a casa.
Hoy la situación es distinta. Su hija le pidió que dejara de trabajar. “Ahora me toca a mí”, fue la promesa que le hizo.
Listín Diario conversó con la madre de la campeona, quien describe a Ana Rosa como una hija ejemplar-
“Es una persona muy disciplinada, apasionada por el deporte. Desde que inició en el judo ha estado muy enfocada. Ella siempre se ha preocupado por su familia. Antes de dar cada paso, siempre pone a Dios en primer lugar, y es por eso que él la ha bendecido. Estoy muy orgullosa de ella, y sé que logrará todo lo que se proponga, a pesar de las adversidades”.
Más allá del tatami
Fuera de la competencia, Ana Rosa también ha apostado por su preparación académica. Mientras desarrolla una carrera de alto rendimiento, obtuvo una licenciatura en contabilidad empresarial, con una maestría en Administración y Dirección de Empresas. Actualmente cursa otra maestría en Habilitación Docente.
Sin embargo, entiende que el camino sigue siendo cuesta arriba. A pesar de pertenecer a la élite del judo dominicano, ser una magíster y ostentar el rango de cabo en las Fuerzas Armadas, todavía se desplaza en transporte público, motocicletas de aplicación y otros medios improvisados para cumplir con sus entrenamientos y compromisos. Además, asegura que buena parte de su alimentación, suplementos deportivos e indumentaria, mayormente ha salido de su propio bolsillo.
Por eso, mientras celebra el oro más importante de su carrera, también hace un llamado para que el respaldo a los atletas no llegue únicamente después de las medallas. Considera que el verdadero éxito deportivo comienza mucho antes del podio, cuando un deportista necesita alimentación adecuada, suplementos, transporte y condiciones dignas para entrenar.









































































