La goleta avanza presurosa sobre las crestas de las olas de un mar encrespado, los vientos de cuaresma, alisos del este-sureste, hinchando las velas de cuchilla y el velamen todo. Al pie de la escalera, que comunica el puente con la cubierta principal por la banda de estribor, el General Juan Pablo Duarte y Diez, erguido, taciturno, silencioso, observa agudo la línea de la costa y el abigarrado conjunto de fortines, casas y chozas de tonos ocres, el enjambre de barcos, barquichuelas y hombres faenando, que se van dibujando en la distancia, contrastando cual telón de fondo, con aquella imponente cordillera llena de verdor.
Es la última singladura de un viaje al desencuentro. Duarte, el ideólogo y mentor de la creación de la República Dominicana llega a La Guaira en los primeros días de abril de aquel año de 1845. Se inicia así la etapa Venezolana de su segundo destierro. Pero no del "quietismo" bucólico, quejumbroso y contemplativo que nos han vendido. Serán 19 años, dentro de los cuales, como bien afirma Rosa Duarte en sus apuntes, "doce años anduvo errante por el interior de Venezuela" de una existencia aciaga, difícil y complicada, siempre pendiente de la celada alevosa, la constante persecución y el descredito de la propuesta Trinitaria por parte del santanismo, los afrancesados y los "orcopolitas", en el contexto de las luchas fratricidas, que enfrentaban a muerte en bandos distintos a los venezolanos de esa época, todo ello en el marco de una inmensa y cambiante geografía y un acontecer social, político y económico que ni de lejos es parecido al actual.
Entender, investigar y descubrir los sucesos que jalonaron y marcaron la vida de Juan Pablo Duarte en este periodo, no ha sido ni es tarea fácil, ni tampoco ha podido ser completada. La propia figura del Prócer es compleja, contrapuesta y contradictoria con su intensa practica Masónica y acendrada religiosidad, su universalidad y su inquebrantable e intransigente convicción libertaria e independiente. Existen muy pocas fuentes documentales y el simplismo reduccionista de algunas versiones de esta etapa, la ignorancia del contexto y la geografía o la oculta alevosía que busca diluir, desdibujar o desacreditar la estatura y brillantez, de las enseñanzas y el legado del Padre de la Patria constituyen un valladar difícil de sortear.
Un análisis que requiere del íntimo conocimiento de esa etapa histórica, el hecho político y la geografía de Venezuela de aquella época, de la valoración e interrelación entre un personaje multifacético, complicado y perseguido, así como de la historia que se escribe día a día, las personalidades que lo rodean y las condicionantes geográficas que lo sitúan y lo enmarcan en un entorno definido por las circunstancias propias, las políticas y las económicas de aquel momento.
En la Venezuela de 1845, liberales y conservadores, pugnan sin reglas ni limites por el poder más allá de las diferencias de postulados políticos, ni que estas puedan ser el marco del enfrentamiento o la referencia de la confrontación; sin lugar a tregua o cuartel, reducidas las ideologías a una simple y cruenta lucha por el poder. La figura del caudillo será la estampa cimera que sustituirá el discurso político, el punto de unión entre las profundas desigualdades consagradas por la disolución de la Gran Colombia, el voraz apetito de las oligarquías conservadoras y los deseos de poder de una nueva e insurgente oligarquía, tan rapaz como la primera, liberal por adjetivo, pero igualmente colocada de espaldas al pueblo pobre e irredento, bajo la égida de los caudillos de turno.
La gravísima crisis económica de Venezuela a partir de la década de 1842, con la baja en los precios internacionales de sus principales productos de exportación, el café y el cacao, la ruinosa herencia de una agropecuaria desbastada por los 20 años de lucha independentista, el descontento de diversos sectores del agro (hacendados, arrendatarios, arrieros, peones y esclavos entre otros) respecto a las medidas económicas y fiscales aplicadas por el gobierno presidido desde 1843 por Carlos Soublette; las tenaces campañas oposicionistas del Partido Liberal, cuyo máximo líder, Antonio Leocadio Guzmán, acusaba de oligarca a Soublette y a su conmilitón, el ex presidente José Antonio Páez y a sus partidarios, que controlaban el comercio y las finanzas de Caracas, no harían otra cosa que subrayar los alcances de la eclosión social que se configuraba en el horizonte político inmediato del País. Sin embargo, Duarte seguirá siendo liberal, libertario e "invariable".
A esta Venezuela convulsionada y levantisca, irredenta y ruinosa de 1845, llegan inicialmente Vicente Celestino y su hijo mayor el 10 de diciembre el año anterior y el 25 de marzo Doña Manuela Diez y el resto de las familias Duarte Diez y Duarte Villeta, expulsadas de Santo Domingo. El 6 de abril, tras llegar de Saint Thomas Juan Pablo finalmente abraza a los suyos. Después de algunos días en La Guaira toman la recién inaugurada carretera empedrada de carretas tiradas por mulos y llegan a Caracas. Allí se establecen en la casa de su tío Mariano Diez, en la esquina de San Pablo, a pocas cuadras de la plaza Bolivar, en pleno centro de la capital Venezolana y epicentro de la convulsión de aquellos días.
Tanto Vicente Celestino como Juan Pablo no pierden el tiempo y toman la iniciativa de trabajar y juntar un capital que les permita desenvolverse comercialmente en el difícil medio del exilio. De sus compañeros Trinitarios en Curazao, Pérez, Pina y Sánchez, pronto recibe noticias. Mas aun, a finales de ese año tenemos el testimonio de una consecuente correspondencia con Juan Isidro Pérez quien ha viajado a Cumana y se encuentra bajo el amparo del independentista Juan José Quintero, comandante de Armas. Así mismo, ya para finales de ese mismo año e inicios del siguiente, los emprendimientos mercantiles rinden sus resultados positivos, permitiendo la estabilización de las familias, lo cual reseña Juan Isidro Pérez en su correspondencia dirigida a Duarte el 26 de febrero de 1846 "el tenor de tu última carta me ha hecho respirar un poco más tranquilo por tu suerte; y a Dios elevo fervientes votos porque tengas feliz éxito en tus empresas mercantiles…" Sin embargo, la situación en la Capital de aquella republica es cada día más difícil.
En un inédito preámbulo de la confrontación entre liberales y conservadores, la revolución popular estalla en las regiones agropecuarias de Venezuela en septiembre de 1846, afectando el centro y el occidente de ese País y la cual se extenderá hasta mayo del año siguiente. En diciembre de ese mismo año se celebraron finalmente las primeras elecciones de primer grado en la historia republicana de Venezuela, pero la crispación, tensión política y la turbulencia social generada durante el desarrollo de los comicios hizo que no pudiera obtenerse un resultado definitivo. Los resultados obligan a una segunda vuelta con la cual finalmente y a regañadientes, José Tadeo Monagas, candidato de Páez, Soublette y la oligarquía conservadora de Caracas, es confirmado en el cargo por el Congreso, el 20 de enero de 1847 y toma posesión en Caracas el 1 de marzo. En gran medida y producto de este acontecer se produce el asalto al Congreso el 24 de enero 1848 con lo cual se inicia el Monagato y el enfrentamiento de conservadores y liberales pasa a la desenfrenada violencia de los hechos.
La permanencia de Juan Pablo Duarte en ese escenario se hace muy difícil y complicada por sus nexos liberales y no existen mayores testimonios documentales desde julio de 1846, salvo los "sobordos", manifiestos y declaraciones de arribo que sitúan al Prócer viajando por sobre todo la costa oriental de Venezuela. De ello, deja la constancia José Gabriel García, en "Rasgos biográficos de dominicanos celebres" cuando apunta: "Dedicado al comercio en las costas orientales de aquella republica fue alejándose poco a poco, hasta que internándose por el Orinoco y por el Rio Negro llego a los confines de Brasil…"
