Los vapers y el humo en las terrazas elevan la proporción de fumadores pasivos al 24 %

En bares y restaurantes la proporción de fumadores pasivos ha pasado del 31,8% en 2007, al 12,7% en 2011 y al 14,6 % en 2024. Y en los lugares de trabajo, del 25,8% en 2005, al 11% en 2007, al 6,4% en 2011, y al 8,3 % en 2024.

Lo que parecía una guerra ganada por la salud pública, vuelve a estar en riesgo: tras veinte años de descensos históricos, la proporción de fumadores pasivos en España ha repuntado al 23,8%, debido a la falta de acción legislativa, las terrazas y la irrupción de los dispositivos electrónicos (vapers).

Según un estudio de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR) publicado este martes en la revista Tobacco Control, este cambio de tendencia se ha producido, principalmente, en las terrazas y lugares de trabajo, seguido de las escuelas y los hogares, donde el aumento ha sido más moderado.

Quince años sin cambios legislativos

Después de quince años sin cambios legislativos y con dos importantes novedades -las terrazas y la venta de dispositivos electrónicos de administración de nicotina (vapeadores y productos de tabaco calentado), "parecía interesante" revisar la situación y saber cuál es la exposición actual al humo del tabaco, ha dicho el director del Programa de Investigación en Tabaquismo de SEPAR y coautor del estudio, Juan Antonio Riesco, en una sesión informativa organizada por Science Media Centre España.

Para evaluarlo, la SEPAR ha realizado una nueva encuesta como las que llevó a cabo en 2005 y 2007 para testar los efectos de la entrada en vigor de la primera ley antitabaco (la que restringió los espacios para fumadores), y en 2011, tras la aprobación de una nueva ley, mucho más ambiciosa, que prohibió fumar en bares y restaurantes, parques infantiles y recintos hospitalarios.

Aquellas encuestas ilustraron la importancia de la lucha antitabaco: en 2005, casi la mitad de los no fumadores (49,5%) estaban expuestos al humo ajeno pero, tras la entrada en vigor de la primera ley, la cifra bajó al 37,9% en 2007, y en 2011, se había desplomado al 21,3%.

Sin embargo, según los resultados de este nuevo estudio, en la última década, entre 2011 y 2024, el número de fumadores pasivos en espacios cerrados habituales (hogar, trabajo, escuelas y ocio interior) ha subido hasta el 23,8%.

Terrazas

Y si se incluyen las terrazas en el cómputo global, la cifra se dispara al 54,9 %, lo que significa que más de la mitad de los adultos no fumadores respira humo de tabaco cuando está en una terraza porque, al tratarse de espacios al aire libre, no están sometidos a restricciones legislativas.

Para el primer autor del estudio, Carlos Jiménez-Ruiz, neumólogo y presidente de SEPAR entre 2018 y 2021, estos datos reflejan que las leyes antitabaco «lograron una significativa reducción del tabaquismo en todas las áreas» pero, actualmente, «la pasividad en el cumplimiento de la ley, la falta de actualización de la normativa y la irrupción de nuevas formas de fumar están relajando la actitud de las personas» hacia este hábito.

Bares y centros de trabajo y vapers

Según los datos de la nueva encuesta, basada en 3.000 entrevistas realizadas en mayo de 2024 a personas de 16 a 80 años de todo el país, la proporción de fumadores pasivos ha subido en todos los espacios.

En bares y restaurantes la proporción de fumadores pasivos ha pasado del 31,8% en 2007, al 12,7% en 2011 y al 14,6 % en 2024. Y en los lugares de trabajo, del 25,8% en 2005, al 11% en 2007, al 6,4% en 2011, y al 8,3 % en 2024.

En los centros educativos los fumadores pasivos pasaron de ser el 17,8% en 2005, al 8,8% en 2007, el 6,3% en 2011 y de nuevo subieron al 7,1% en 2024, un aumento en línea con los hogares, donde la cantidad de personas expuestas al humo pasó del 29,5% en 2005, al 21,4% en 2007, al 8,6% en 2011 y al 9% en 2024.

Impacto de nuevas formas de fumar

Además, el informe destaca el impacto de las nuevas formas de fumar (vapeadores y tabaco calentado) en los jóvenes que perciben estos productos como menos nocivos pese a que su consumo genera la misma adicción y enfermedades respiratorias que el tabaco convencional. Además, estos productos son la puerta de entrada al tabaco, ya que los que los usan tienen hasta cuatro probabilidades más de pasar a los cigarrillos convencionales.

A la vista de estos datos, los autores recomiendan extender la prohibición de fumar a terrazas y entornos escolares, equiparar los vapers y dispositivos electrónicos al tabaco clásico, elevar los impuestos a estos productos, reforzar la inspección, y financiar los tratamientos para dejar de fumar.

Sobre la posible colisión entre las prohibiciones y la libertad individual, Jiménez-Ruiz es claro: "el tabaquismo es una enfermedad adictiva crónica que mata a más de mil personas a la semana y 56.000 cada año y la primera causa de muerte. La libertad no tiene nada que ver con la enfermedad".

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