En el Día del Asteroide, la reflexión sobre los riesgos que representan estos cuerpos celestes cobra relevancia mundial.
Aunque la probabilidad de un impacto devastador es baja, las consecuencias serían catastróficas para la vida en el planeta.
Un asteroide de gran tamaño podría liberar una energía equivalente a millones de bombas nucleares al chocar contra la superficie terrestre.
El impacto generaría ondas sísmicas, tsunamis y una nube de polvo que oscurecería la atmósfera durante meses, afectando la agricultura y provocando un descenso drástico de las temperaturas globales.
Ejemplos históricos refuerzan estas preocupaciones: hace 66 millones de años, un asteroide de unos 10 kilómetros de diámetro impactó en lo que hoy es la península de Yucatán, México, provocando la extinción de los dinosaurios y de gran parte de la vida en la Tierra.
Actualmente, agencias espaciales como la NASA y la ESA desarrollan programas de detección y defensa planetaria, como el sistema de monitoreo de objetos cercanos a la Tierra (NEOs) y pruebas de desviación de asteroides mediante impacto controlado, como la misión DART realizada en 2022.
