El conflicto entre Irán e Israel entró este jueves en una fase más delicada después de que un ataque iraní provocara fuego en el área de la refinería de Haifa, considerada una infraestructura estratégica para el sistema energético israelí.
Medios israelíes y agencias internacionales reportaron además afectaciones en la red eléctrica del norte del país. Las autoridades israelíes insistieron en que lograron contener el impacto operativo
En este contexto, Haifa no representa solo un punto geográfico: es una pieza sensible dentro del abastecimiento interno de combustible de Israel y un blanco con fuerte efecto político.
El ataque a Haifa y la respuesta israelí
El ministro de Energía e Infraestructura de Israel, Eli Cohen, declaró que los daños a la red eléctrica del norte fueron “limitados” y de “poca importancia”. Asimismo, afirmó que la mayoría de las zonas afectadas ya recuperaban el servicio. Esa respuesta oficial buscó transmitir control en un momento en que las imágenes de humo y fuego cerca de Haifa circularon con rapidez en redes sociales y medios internacionales.
Hasta el momento de los reportes iniciales citados por AP, no se habían confirmado víctimas en el área del impacto. Sin embargo, el hecho de que el fuego se registrara junto a una instalación energética crítica aumentó la preocupación por la vulnerabilidad de la infraestructura esencial en medio de la guerra.
La guerra entra en una fase energética
La acción iraní llegó después del ataque israelí contra South Pars, el mayor yacimiento de gas natural del mundo y principal soporte del sistema gasífero iraní. Reuters señaló que ese campo produce entre 70 % y 75 % del gas de Irán, mientras AP lo sitúa en torno al 80 %, lo que subraya su importancia vital para la electricidad, la calefacción y la industria del país.
La represalia posterior no se limitó a Israel. Reuters reportó impactos o disrupciones en infraestructuras energéticas del Golfo, entre ellas Ras Laffan, en Qatar, uno de los complejos de gas natural licuado más importantes del mundo. Eso agravó el temor a una crisis de suministro y alimentó nuevas subidas en los precios del petróleo y del gas.
Con este escenario, el ataque en Haifa adquiere un peso que va más allá del frente militar inmediato. Lo que está en juego no es solo la seguridad de Israel o la capacidad de represalia iraní, sino la estabilidad energética de una región que mueve una porción decisiva del petróleo, el gas y los combustibles refinados que consume el mundo
