La pregunta de dónde vivirán las futuras generaciones de los seres humanos, partiendo de la premisa que los bienes y terrenos del planeta Tierra son finitos, es una que ha inquietado a muchos visionarios a través de la historia.
Uno de los más recientes que ha abordado esta inquietante es el controversial magnate sudafricano, Elon Musk, quien en múltiples ocasiones ha afirmado que el futuro de los humanos está en el espacio exterior, específicamente en Marte.
Sin embargo, otros contemporáneos de Musk piensan que la respuesta está mucho más cerca.
Esta idea se trata de seasteading, un término en inglés que significa crear comunidades independientes y autosostenibles en los océanos o, dicho de manera sencilla: ciudades flotantes.
Así lo define el Instituto de Seasteading, una organización sin fines de lucro pionera en este tipo de proyecto.
Fundada en 2008 por Patri Friedman, y contó con el apoyo temprano de Peter Thiel, cofundador de la empresa PayPal junto a Musk
Friedman, así como la organización, asegura que uno de sus objetivos, además de facilitar la implementación de estas sociedades flotantes, es que sus habitantes prueben distintos modelos de Gobierno y elegir libremente bajo qué reglas quieren vivir.
Por eso, desde el inicio de su proyecto, Friedman asevera que el océano abierto representa un espacio para la innovación gubernamental, ya que no está sujeto a las mismas estructuras políticas que la tierra firme.
Asimismo, afirma que el seasteading ofrece la posibilidad de que diferentes sistemas de Gobierno coexistan y le permitirá a futuros “pioneros” probar sistemas distintos.
DE LA TEORÍA A LA PRÁCTICA
De excolaboradores del Instituto de Seasteading nació Blueseed, una iniciativa que buscaba crear una comunidad flotante frente al epicentro de la innovación tecnológica de Estados Unidos: Silicon Valley.
Esta propuesta estaba diseñada para captar la atención de emprendedores internacionales, ofreciendo un espacio donde desarrollar sus empresas “startups” sin la necesidad de cumplir con las restricciones impuestas de las leyes migratorias de Estados Unidos.
Aunque el proyecto no pudo materializarse, se convirtió en un ejemplo de cómo el concepto de seasteading podía implementarse en el ámbito económico.
Sin embargo, el mismo Instituto de Seasteading afirma que esta idea enfrenta varios desafíos, como la viabilidad de implementación y costos, así como posibles encontronazos contra leyes de varias naciones.
