Ezequiel Durán: "Mi madre me obligó a seguir en la pelota"

La vida de un pelotero que aún no ha firmado como profesional rara vez es sencilla.

Lejos del brillo de los estadios y de los contratos millonarios, existe una etapa silenciosa marcada por duros tryouts, entrenamientos sin testigos y una espera que muchas veces se hace eterna.

En ese trayecto, no todos logran resistir. Muchos, al ver que la ansiada firma no llega, terminan tirando la toalla. A punto estuvo de hacerlo Ezequiel Durán.

Mucho antes de convertirse en una de las figuras más consistentes de las Águilas Cibaeñas en la temporada 2025-26 de la Liga Dominicana de Béisbol (LIDOM), Durán vivió momentos en los que el sueño parecía escapársele de las manos.

Tras múltiples intentos, años en academias y decenas de tryouts en San Juan de la Maguana en los que su talento no encontraba recompensa inmediata, llegó el punto de quiebre.

La frustración era tanta que decidió hablarlo con su madre.

“Yo le dije a mi mamá que si no lograba mi sueño, que si no firmaba, iba a dejar la pelota”, contó el pelotero al Listín Diario.

Fue entonces cuando su madre, Ramona, se convirtió en el sostén que evitó la caída.

“Ella me dijo que no, que siguiera jugando, que confiara, que ella creía en mi talento y que yo iba a llegar lejos. Gracias a Dios le hice caso, creí en ella, creí en mí y me di ese voto de confianza”, afirmó.

Su papá

El respaldo no vino solo de su madre. Su padre, José Durán, también fue un pilar fundamental durante el proceso.

Aunque no contaba con un empleo fijo y se ganaba la vida trabajando en desabolladura y pintura de vehículos, nunca dejó que a su hijo le faltara lo esencial.

“Como cualquier muchacho de pocos recursos, a veces se me dañaba un guante, o un clavo, o había días que tenía que ir al play sin desayunar. Pero mi papá siempre se las arreglaba. Quizás hoy no podía, pero mañana resolvía”, relató Durán.

Para él, el béisbol nunca tuvo un plan alterno. No existía un plan B.

“Yo no sabía qué iba a hacer si dejaba la pelota. No tenía otra cosa en mente. Lo mío era plan A, plan A y plan A”, confesó.

Esa obsesión por el sueño lo llevó a sacrificios extremos: levantarse a las cinco de la mañana para entrenar, asistir al colegio, llevarse su uniforme para volver al terreno en la noche y repetir el ciclo día tras día, sin descanso ni garantías.

Su hijo

Con el paso del tiempo, su vida encontró un nuevo motor: su hijo.

La paternidad transformó su manera de ver el juego y la vida.

Hoy, Durán asegura que cada turno al bate tiene un significado distinto.

“Todo lo hago pensando en él (su hijo). Cuando estoy en la caja de bateo, cuando estoy defendiendo, él es mi motor”, afirma.

Ese enfoque se ha reflejado en el terreno. En la actual campaña de la LIDOM, Durán fue una pieza clave para las Águilas ganar de manera fácil la temporada regular, etapa en la que bateó .338 con 23 anotadas y 22 remolcadas, nueve dobles y dos jonrones.

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